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Deberes en verano, ¿sí o no?

agosto 11, 2016

El verano lleva asociados varios recuerdos que sin duda lo hacen único y fácil de identificar. Más allá del cubo, el rastrillo y la pala, el frescor de un helado o las pecas tras los primeros rayos de sol… ¿quién no recuerda los míticos cuadernillos Rubio? ¿Y qué hay de Vacaciones Santillana y la tierna melodía tantas veces emitida en televisión, que provocaba deseo incluso tratándose de carga de trabajo estival?

Retomando estos clásicos de nuestra memoria nos surge una duda eterna y sin una respuesta unánime. ¿Son necesarios los deberes en verano? Partimos de la base de que los niños tienen un largo período de vacaciones. Dependiendo de cada comunidad los plazos son distintos, pero por norma general los meses libres de verano suelen abarcar desde finales de junio hasta mediados de septiembre. Es mucho tiempo para que los peques de la casa se dediquen a no hacer nada, teniendo en cuenta lo mucho que han estado esforzándose durante el invierno, o eso debieran.

Tradicionalmente, algunos profesores optan por una intensa carga de deberes para que a los niños “no se les olvide nada” o para que “empiecen con ventaja el próximo curso”. Y lo cierto es que promover este tipo de ejercicios no está mal, pero es preciso mantener un justo equilibrio: ni sobrecargarlos con deberes, ni dejar que no hagan nada.

Lo primero a tener en cuenta es que nada más terminar las clases son necesarios unos días de descanso para que los niños desconecten. Deben asimilar que ya es verano y que su rutina va a ser distinta. Los expertos, recomiendan dejar a un lado los típicos cuadernillos de trabajo y los deberes sistemáticos y memorísticos. Después de todo… el verano no debe ser una prorrogación del curso escolar.

Lo ideal es organizar juegos, actividades y ejercicios con los pequeños para que no pierdan las dinámicas y hábitos que han adquirido meses atrás. Este aprendizaje debe ser lúdico y significativo. Para ello existen muchas maneras de que los niños aprendan sin necesidad de tener un libro o fichas delante. Los padres deberían convertirse en sus guías: no se les debe dar el trabajo hecho, sino que deben fomentarse sus responsabilidades propias, sin olvidar nunca la edad que tienen.

Lo importante es recordar que, a pesar de todo, el verano está para descansar pero también para disfrutar, ¡y mucho! Eso significa que los niños van a tener más ganas de hacer tareas si se trata de algo que a ellos les gusta, por eso es importante partir de sus intereses particulares. Si por ejemplo a un niño le gustan los coches y se pretende reforzar un hábito como la lectura, se puede optar por darle un cómic que trate sobre ello.

El invierno ha sido duro. El verano se presenta como una oportunidad para dar carpetazo a mochilas, libros, cuadernos y sobre todo aulas cerradas. Debe haber tiempo para jugar, saltar, gritar e incluso aburrirse. Pero recuerda, se puede seguir aprendiendo de forma creativa al aire libre, en cualquier rincón como el campo o la playa. ¡Los peques se lo tomarán como un reto y terminarán pasándolo en grande!

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